15.11.10

delirios sin calmante

Durmió en el sillón , cubierto de polillas mientras los trenes de silencio atrofiaban sus costillas. Ella lamentaba que él no quisiera mirar su espalda, ni acariciar sus agonías. Había lluvia, pero también crecían flores de fuego sobre el sendero que abría sus hojas con brazos de sangre caliente y fucsia.

La casa estaba muerta, repleta de oportunidades nunca aprovechadas , de sombras añejas y sensaciones que no dejaban de atormentar a los animales escondidos. Ella siempre lo buscaba pero el encerrado en un ataúd de cigarrillos y licor  pretendía ser un rincón mas, entonces, no dejaba de ensayar la costumbre del acertijo sin solución. Entre ellos nunca existió espontaneidad , ni misterio en sus ojos  , menos guirnaldas y caleidoscopios en sus huesos. fueron dejados como un papel entre mil quinientas paginas de un libro antiguo , en las cenizas de un mueble, en la pieza de mis abuelos , que inventaron mis padres adoptivos que ahora se van del país en sacos negros con un disparo en la cabeza cada uno.

Todo esta colapsando , siento que los puentes que cruzaron se consumen como un agujero en los bolsillos de la inerte y nos deja perecer frente a los que se permiten el castigo de sus acciones. Y no comprenden las historias del amor de dos cuerpos llenos de fósforos y sonrisa de parafina dentro del dolor que predican sus manos cortadas.

Dormí en el sillón , con la misma ropa que tengo hace siete días y pude sentir como se quebraba  uno de mis hombros mientras mi espalda se hundía hacia afuera , mis pulmones se hinchaban y se metían entre mis costillas, aplastándose y gritando asfixia. Moscas corrían y rasguñaban el techo , la luz se perdía entre las casacas negras y el cierre de mi poleron . mi pelo era ciénaga y mis ojos eran delirio , todos pagaban por ver. el como? de un que? de un algo que no quiere existir por esto. 

en la mañana , cuando nadie sabe si es de dia o de noche. desperte ahogado en el río de la carretera. 
la gente se preguntaba sin interrupciones porque las casas de la esquina estaban chuecas, con los techos abajo y las puertas encima del suelo, con los perros crucificados en los arboles sonrientes de incendiados adoquines .
El sabia porque ,pero yo no se y tampoco quiero saberlo mientras me duela el cuerpo-

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