6.3.11

algo para recordar














mi perro y yo fuimos a enfrentarnos al mar.
el agua inundaba desde el frente
las gotas curvaban el tiempo del reloj 
pero había silencio, en el acto violento del ruido ajeno

sus cuatro patas temblaban , el suelo temblaba , el cielo temblaba
los arboles caían, las casas desaparecían en el humo , y yo buscaba
en el desastre , algún lugar para escondernos de las demás personas.

Estuvimos varias semanas debajo de piedras, madera y ladrillo
escuchando los gritos de las multitudes, el grito de ayuda de los enamorados
la fiesta egocéntrica de los dioses terrenales, los abrazos suicidas de las familias.
no nos importaba, estábamos pensando en como racionalizar el pasto.

Al salir , la ciudad estaba destruida, las nubes parecían manteles ,
cubriendo cuerpos llenos de marcas, cuerpos que servían de habitación
para las moscas, larvas e insectos
agujeros en el suelo, alimentaban el paisaje negro, el olor a miedo se había ido.

Caminamos por el sendero , de papeles ,
bajamos por los adoquines teñidos de licor y sangre
y nos sentamos 
el ladraba y yo fumaba un cigarro que encontré en los bolsillos de una sombra
nos quedamos mirando el mar, antes de volver al hogar de los olvidos.
un barco se asomaba por el horizonte , entre la niebla se podía ver , el orgullo
de los sobrevivientes, y seguramente desde allá ellos podían ver, el origen
de la piedad.

a mi solo me importa , volver al rincón a leer un poco , alimentar a mi perro
y esperar a que nadie nos encuentre.

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