Unas 50 personas esperando en la calle
saltando con las zapatillas húmedas
abrazando la noche con gritos sucios.
15 minutos de espera.
estamos descalzos , sobre los vidrios rotos
de la libertad pasajera, embriagados de rabia
anhelando el privilegio de olvidar la rutina
con la quijada rota, los brazos ennegrecidos y
los ojos enceguecidos por el disparo de las luces blancas.
Las hienas se mezclan con los lobos y los antílopes disfrazados de león
los cerdos empujan a los coyotes blancos y las serpientes se arrastran por
las paredes del local , antes de caer encima de los perros y gatos.
Las puertas permanecen cerradas, el pago es con claves y contraseñas cifradas
la multitud se enfrenta en un torbellino de clavos color hueso y flores con sabor a licor.
Una sombra crece en el escenario , emergiendo desde los instrumentos
la niebla se mete en los ojos y en la boca , lagrimas y saliva de éxtasis.
existimos solo para reconocernos en el ruido y en la improvisación de los sentidos.
Pasan algunas horas
todo concluye como un conflicto sin bandos contrarios
el dilema es, volver a sostener pilares o
desaparecer como siluetas en un callejón
aunque sea por esta noche , quedarnos en el anonimato
recolectando todas las cicatrices que negocia el
alcohol , el suelo y la lluvia negra en esta noche de
sábado.
Una sombra crece en el escenario , emergiendo desde los instrumentos
la niebla se mete en los ojos y en la boca , lagrimas y saliva de éxtasis.
existimos solo para reconocernos en el ruido y en la improvisación de los sentidos.
Pasan algunas horas
todo concluye como un conflicto sin bandos contrarios
el dilema es, volver a sostener pilares o
desaparecer como siluetas en un callejón
aunque sea por esta noche , quedarnos en el anonimato
recolectando todas las cicatrices que negocia el
alcohol , el suelo y la lluvia negra en esta noche de
sábado.
¿Que hacer? eso depende de la persona
y de que tan cabreado este con todo lo demás.

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